jueves, 24 de abril de 2008

POPULISMO i

El término peyorativo de populismo, refiere al paternalismo disfrazado de popularidad carismática, el cual sin importar posiciones ideológicas se hace patente libre para fines políticos. En el plano internacional el populismo adquiere una connotación ejemplar del pasado en el caso de Argentina con Perón y otros gobernantes sudamericanos y africanos. Pero sin lugar a dudas pocos dejarían pasar hoy de lado la oportunidad de adjetivar igual gobiernos inscritos en los diferentes ámbitos, incluso internacionales como el de Italia que después de conocer el comportamiento de su primer ministro, Berlusconi, no escapa por mucho en el ejemplo, con respecto a los precarios países ascendentes, en donde sigue siendo una practica común de control y de dominio esa escuela. Y mas, cuando intento deslegitimar a los magistrados del poder judicial, con el argumento de superioridad representativa sobre ellos, ya que él gozaba electivamente del <> y que no permitiría juicio alguno de quienes habían ascendido al puesto por oposición. Brillante esgrima verbal, pero carente de argumento sólido.
Para quienes no lo aprecien, cuestionaba la preparación profesional por el simple hecho de carecer de representatividad electiva. Sometiendo la lógica de no dejarnos curar por los médicos, ni mandar a la escuela a nuestros niños, ni dejar que un arquitecto construya, ni validar profesión alguna que por la vía de la oposición de perfiles con carencia electiva popular. Que estulticia.
El verdadero fin de tal desatino era justificar la descalificación de sus juzgadores por delitos comunes, de los que sin lugar a dudas terminaría en la dicotomía incomoda de culpable o no culpable.
En realidad el <> como concepto hegemónico, no existe. Por más que se desee presentar como la voluntad unificada de sentimientos iguales o de una fuerza casi natural que encarne la moral, la historia y sus impulsos, no existe. Muy distinto y acertado, es hoy en día el presentar a los ciudadanos policromáticamente en sus ideas, partiendo de la idea que la visión dicromática es del siglo pasado y que si, si existen tonos mas ricos por explorar. Existen a su vez personas que tienen ideas diferentes, y el régimen democrático (que no necesariamente es lo mejor pero, de los males mayores es menor) que opera en la lógica de control y dominio por consenso mayoritario de los ciudadanos. No del pueblo, sino de una mayoría, que a veces puede estar formada no por el cómputo de las cifras, sino por la distribución de los votos en un sistema uninominal. La representación se pondera en los cabildos o parlamentos, pero es sabido que la comunidad no es solo parlar con diatribas o retóricas en las tribunas. Existen una infinidad de instancias intermedias, las llamadas fuerzas fácticas, que van desde los potentados industriales, la iglesia y el ejercito (por plantear los visibles), y que bien se podrían considerar también, los colegios de profesionistas y otra organizaciones gremiales o políticas y un lugar especial para la prensa, etc., A estos últimos, el concurso de sus esfuerzos lo llevan a considerarse actores sociales, que mas allá del ánimo de trascendencia, buscan el reconocimiento de sus meritos, así como el de legitimar su autoridad e institución, por el hecho de haberse sometido al tamiz del escrutinio público y abierto, y sin poner en entredicho sus capacidades por oposición ( que bien podrían ser amañadas, pero no señaladas públicamente). En fin, es el mecanismo por el cual las instancias de la sociedad se agrupan y organizan para el desarrollo de sus actividades, especializaciones y compromisos.
Apelar al pueblo es ficción: teniendo en cuenta que la carga semántica e interpretativa del término es carente de realidad, el populista es aquel que crea una imagen virtual de la voluntad popular, con liderazgos ficticios, que validos de sus recursos pagan por la publicidad a su imagen apropiada y publicitan su desempeño de manera superficial y hasta frívola. Cumpliendo la función de actores, actores políticos de una política ficción. Que mas tarde se desfigura como un castillo de arena o se derrumba como torre de naipes.
Hay quienes juegan con crear la imagen del consenso popular con sondeos, o simplemente evocando el fantasma del pueblo. El populista se construye así mismo y transmite la idea de identificarse con sus proyectos personales ocultos (por obvias razones) y presentarlos como la voluntad del pueblo inmaculado. Que de tener éxito, transforma en ese pueblo sus acciones, que ha inventado, a una buena parte de los ciudadanos, fascinados por dicha imagen virtual con la consabida identificación. Estos son los serios riesgos del populismo, el espejismo que hemos reconocido en nuestro acervo histórico-político, que tan temido es pero poco reconocible u identificable, quizás por conveniente comodidad, por temor o por las limitaciones de una capacidad política precaria. Estos riesgos se perciben claramente con la visión escéptica a los medios de comunicación y a la “opinión pública”.

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